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SEGURIDAD JURÍDICA: LOS CONTRATOS

No pretende ser este artículo innecesariamente técnico, ni ahondar en conceptos inútiles para el espíritu del mismo, que no es otro que poner de relieve la importancia de un contrato bien realizado y ajustado a los intereses de las partes y a la transacción a la que se dedica.

Entrado en materia, creo importante indicar someramente qué es un contrato, pues bien, un contrato no es más que un acuerdo de voluntades entre dos o más partes, que está llamado a producir consecuencias jurídicas entre quienes lo celebran. Nos puede obligar a hacer algo, a no hacerlo, a entregar una suma de dinero, etc. Es decir, vamos a tener una obligación frente a la otra u otras partes, que nos pueden exigir su  cumplimiento, llegando incluso éstas a poder accionar ante los tribunales de justicia ante nuestra eventual negativa de cumplimiento.

De lo expresado en el anterior párrafo es fácil inferir que un contrato no es algo baladí, no es algo en lo que se pueda prescindir de cautelas, si no todo lo contrario, estamos ante todo un instrumento jurídico llamado a crear obligaciones que, si no están bien delimitadas y precisadas, pueden llevarnos a soportar situaciones realmente gravosas.

Como ejemplo, voy a citar un asunto que entró en el despacho hace ya algunas fechas, cuyo conflicto tenía su raíz en un contrato de compraventa. Pues bien, al recibir toda la documentación cayó en mis manos el citado contrato que, para mi sorpresa, había sido descargado tranquilamente de Internet por una de las partes con la aprobación de la otra. El contrato era un cúmulo de despropósitos, un arma cargada y sin seguro.

Además de todas las imprecisiones que contenía en relación con el asunto concreto, pues no había sido redactado propiamente para esa transacción, lo verdaderamente peligroso eran las omisiones que en el mismo se daban, por citar una, no se había previsto la forma ni momento del pago, sólo la cantidad a entregar, ni tampoco se había previsto de forma expresa la eficacia del contrato como carta de pago; todo lo anterior unido a la falta de recibo de la cantidad entregada creaban una auténtica bomba de relojería para la parte que había pagado la cosa.

Lo anterior pudo haber dado lugar perfectamente a un pleito, si la parte vendedora hubiera tenido los conocimientos y la falta de moral necesaria, siendo así que son numerosas  las ocasiones en que ambas cosas concurren en un mismo sujeto.

Todo lo expuesto pone de manifiesto la necesidad de que ese documento que revela nuestra voluntad y en el que está estampada nuestra firma se ajuste todo lo necesario a nuestros intereses, sin dejar, en la medida de lo posible, ningún detalle o matiz sin precisar, o cuestión que ataña sin regular. De esta manera generaremos una relación entre partes saneada jurídicamente, y apta para dar solución a cualquier problema que pueda surgir de una manera más fácil y menos gravosa.

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