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Cláusulas suelo: el desenlace.

Cláusulas suelo: el desenlace.

Por Eloy Ferrández.

A estas alturas de la película, los personajes ya han sido presentados y el argumento avanza conforme a las previsiones del género (quizás alguien espere un giro final que, con transmutación del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en forma de benevolente "Deus ex machina" para los intereses de la Banca, convierta la epopeya del consumidor en blockbuster de funestas consecuencias para quien sólo pretende hacer valer sus derechos).

Estamos hablando, por supuesto, de la batalla jurídica que en la actualidad confronta al titular de un préstamo hipotecario afectado por la ya célebre y (judicialmente declarada) abusiva cláusula suelo, con la entidad financiera prestamista.

No es pretensión de este artículo criminalizar el negocio bancario, perfectamente lícito, habitual y necesario -en muchas ocasiones- para particulares y empresas, especialmente como mecanismo de financiación. No obstante, sí resulta indispensable exigir que esta actividad económica se desarrolle bajo estrictos criterios de legalidad. De ética profesional también, pero las normas morales rectoras de la conducta de cualquier persona (o sociedad en este caso), no gozan de naturaleza imperativa ni forman parte del ordenamiento jurídico positivo. La ley, sin embargo, es la ley. Debe cumplirse por cualquier persona o ente con personalidad jurídica bajo pena de sanción en caso de inobservancia de la misma.

Pero volvamos al guión de la obra y a su elemento central tras esta breve elipsis discursiva: ¿De qué hablamos cuando lo hacemos de cláusula suelo?

Pues bien, lacláusula de ajuste del tipo de interés variable supone el establecimiento de una cuantía mínima a pagar en las cuotas del préstamo hipotecario, con independencia de que los intereses ordinarios convenidos con la entidad financiera prestamista se encuentren por debajo del suelo acordado. Esto es, el prestatario, debido a la inserción de esta cláusula en el préstamo hipotecario, habría estado "pagando de más" al Banco sin haber tenido conocimiento de ello durante una serie de años, o lo que es peor, todavía podría estar haciéndolo.

El Tribunal Supremo, en Sentencia de 9 de mayo de 2013, falló contra el BBVA, Novagalicia y Cajamar, en el sentido de declarar abusiva, y en consecuencia nula, dicha cláusula, siempre y cuando adoleciera de falta de transparencia, esto es y resumido de forma muy genérica: cuando no se hubiese informado suficientemente y de manera clara al cliente sobre las consecuencias de la inclusión de dicha cláusula en el préstamo hipotecario.

El pasado 7 de abril de 2.016, el Juzgado de lo Mercantil número 11 de Madrid declaró la nulidad de las cláusulas suelo contenidas en las condiciones generales de los contratos de préstamo hipotecario suscritos por otras 45 entidades bancarias con consumidores. Esta sentencia, no obstante, todavía no es firme y ya ha sido recurrida, si bien marca un hito importantísimo y de mención obligada.

¿Pero qué supone la declaración de nulidad de la cláusula suelo? Ni más ni menos que el derecho del consumidor afectado a solicitar la devolución de los importes resultantes de la diferencia entre las cantidades abonadas al Banco por la aplicación de la cláusula suelo y las que realmente hubiera debido abonar si la misma no hubiera existido.

¿Y desde cuándo se puede reclamar el reintegro de estas cantidades? Pues bien, para dar respuesta a esta última y fundamental cuestión, habrá que esperar al final de la película.

El TJUE deberá resolver este mismo año sobre los efectos de la nulidad de la cláusula suelo, en particular sobre la fecha a partir de la cual ésta surte sus efectos: bien desde el 9 de mayo de 2.013 (momento en el cual, como hemos visto, el Tribunal Supremo declaró la nulidad de la misma), o bien desde la firma del contrato de préstamo hipotecario o novación del mismo en el que se incluyó dicha cláusula, por parte del cliente perjudicado.

Se prevé que el próximo 12 de julio, el Abogado General del TJUE Paolo Mengozzi, se pronuncie sobre este asunto. Meses más tarde, el Tribunal deberá confirmar o refutar en sentencia las conclusiones de Mengozzi. La estadística nos muestra, en cualquier caso, que este órgano judicial suele ratificar el dictamen elaborado por el Abogado General en aproximadamente el 90 % de las ocasiones. En este 2.016, por tanto, conoceremos el desenlace del filme.

Las entidades financieras, que prevén un desembolso significativo si desde Europa se falla contra sus intereses, ya se "están moviendo". Y no siempre bajo los parámetros éticos, y quizá legales, adecuados. La Banca, en previsión del dictado de una sentencia que pueda resultarle perjudicial, está contactando con gran parte de sus clientes, ofreciéndoles interesantes novaciones en sus préstamos hipotecarios que, muy a menudo, esconden cláusulas que perjudican gravemente al consumidor: renuncia al ejercicio de acciones judiciales, reconocimiento del propio cliente de que ha sido debidamente informado y ha entendido el significado de la cláusula suelo (con lo cual su inclusión en el contrato bancario dejaría de ser abusiva y, por tanto, nula), modificaciones en los tipos de interés aparentemente favorables para el usuario (y que en realidad le perjudican en el medio y largo plazo), etcétera. Algunos de estos supuestos podrían dar lugar a demandas de nulidad por vicio del consentimiento e, incluso, cabría valorar la interposición de denuncia o querella ante la posibilidad de que se estuviera cometiendo alguno de los delitos contra el patrimonio tipificados en el Código Penal. No obstante, este escenario litigioso, en ocasiones incierto, puede y debe ser evitado por el propio consumidor.

Desde Avalfe Abogados recomendamos encarecidamente que, antes de firmar cualquier novación del préstamo hipotecario que su Banco le ofrezca, consulte con un especialista y contrate el asesoramiento jurídico adecuado.

Nos gustan los finales felices. 

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