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INTERPRETACIÓN DE LOS TESTAMENTOS

LA INTERPRETACIÓN DE LOS TESTAMENTOS

 

Expresa el Código Civil que toda disposición testamentaria deberá entenderse en el sentido literal de sus palabras, a no ser que aparezca claramente que fue otra la voluntad del testador. En caso de duda se observará lo que aparezca más conforme a la intención del testador según el tenor del mismo testamento. 

EL Tribunal Supremo tiene declarado que merece tanto respeto la voluntad del que ordena la distribución de los bienes para después de su muerte, que constituiría grave transgresión a esa ley tan sagrada torcerla por insignificantes motivos cuando éstos no afectan a la esencia ni originan los casos de nulidad previstos por el legislador. Así por ejemplo, el error los apellidos del favorecido no es motivo de nulidad del testamento, cuando pueda saberse ciertamente cuál sea la persona nombrada. 

Tampoco es causa de nulidad la disconformidad que pueda haber a veces entre el sentido literal de las palabras del testamento y la verdadera intención del testador, lo que da margen a la función interpretativa, que ha de ejercitarse, haciendo primar la voluntad del testador mediante la indagación de dicha voluntad de modo lógico, sistemático y finalista, pudiendo poner también en relación el testamento con otros factores externos a dicho testamento. 

En la interpretación de los testamentos deberá el juzgador atenerse a lo que se expresa literalmente en el testamento y tal criterio ha de prevalecer a menos que aparezca de modo manifiesto que aquél es equivocado o erróneo por contradecir la voluntad del testador, debiendo en suma excluirse únicamente ''lo arbitrario'', el ''muy manifiesto error", lo ''desorbitado'' y los casos de ''patente y manifiesto error”.  

La interpretación de la voluntad testamentaria presenta unos caracteres específicos y propios que la diferencian de los criterios empleados para interpretar los contratos. Mientras que la interpretación contractual, y en general la de los negocios jurídicos ínter vivos, está guiada no sólo por la voluntad, sino que la acompaña la conocida como autoresponsabilidad del declarante, y la confianza del destinatario de la declaración, derivadas ambas del principio objetivo de la buena fe; la interpretación testamentaria debe orientarse únicamente por un criterio subjetivo con base en las declaraciones de última voluntad. La jurisprudencia ha reconocido como regla general en nuestro Derecho que es preferente la voluntad realmente querida a la declarada, con la puntualización de que en caso de posible divergencia entre ambas, corresponde a los que afirman esta disparidad la prueba de la misma, pues el Derecho considera en principio que la voluntad declarada coincide con la voluntad real.

Existen tres elementos fundamentales en el proceso interpretativo: el gramatical, el lógico y el sistemático; el primero, con base en las palabras cuando no ofrece duda la claridad de las cláusulas; el segundo, cuando surge esa duda entre la letra y el espíritu; y el tercero utilizando el conjunto armónico de las disposiciones para cerrar el ciclo interpretativo; pero su uso debe ser conjunto y nunca aislado, pues no son más que medios o instrumentos que el intérprete ha de poner en juego de un proceso interpretativo unitario; proceso al que debe unirse el elemento teleológico o finalista.

La Sentencia del Tribunal Supremo de 22 de abril de 1978, declara que toda interpretación, y por consiguiente tanto de las normas como de los negocios jurídicos, al ir dirigidas a indagar el significado efectivo y el alcance de una manifestación de voluntad, exige, fundamentalmente, captar el elemento espiritual, la voluntad o intención del testador. Como los testamentos son una manifestación de voluntad no recepticia, se concede supremacía a la voluntad real del testador sobre el sentido literal de la declaración. 

A continuación saco a la luz la Sentencia de fecha 31 de mayo de 2001 dictada por la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Baleares, la cual hubo de interpretar un testamento ológrafo teniendo en cuenta no solo lo redactado por el testador, (su tenor literal), sino otras circunstancias externas al testamento. Los hechos fueron en esencia, los siguientes:   

-Antonio, titular de una administración de Lotería, fue intervenido quirúrgicamente por padecer un cáncer pulmonar, y unos dos años después, concretamente en 1994, inició convivencia de hecho con Mª Isabel.

-El 4-III-1994 consignó como sucesora en el cargo de titular de la Lotería a su hija Sandra.

-El 9-V-96 y el 20-II-97 sufre nuevas intervenciones debido a la enfermedad que padecía.

-El 23-X-97, Antonio otorgó testamento ológrafo, redactándolo del siguiente modo: "Estoy en perfectas condiciones físicas y mentales, sólo desalentado debido al problema que tengo de salud, pero sé lo que escribo en este momento. Sólo deseo que todo vaya bien, pero, en caso contrario, si me voy de este mundo lo poco que tengo lo dejo a mi hija como heredera que es mía, la casa, la mitad del dinero y la mitad del trabajo. Y a Dª Isabel, mi compañera, la otra mitad del dinero y el coche, y la otra mitad del trabajo. La moto cubrirá los gastos y deudas que pueda tener".

- El 12-XI-97 vuelve a ser intervenido y la última operación a que fue sometido fue el 5-II-1998. Recibió tratamientos de quimioterapia

-Antonio falleció el día 16-V-1998.

-La convivencia de Mª Isabel con Antonio fue continuada durante todo este tiempo, siendo cuidado éste por aquélla en todo momento tanto en lo relativo a su enfermedad como en lo demás. Mª Isabel colaboraba en vida de D. Antonio en la administración de Loterías de la que éste era titular.

-Sandra, (la hija de Antonio), vivía independientemente de su padre.

-El 27-VII-98 Sandra y Mª Isabel formalizan un contrato en virtud del cual Mª Isabel trabajaría como dependienta en el despacho de Loterías 40 horas semanales por tiempo indefinido.

-En fecha 4-I-1999 se nombra a Sandra titular del despacho receptor de Loterías.

-El 3-III-99 Sandra remitió carta de despido a Mª Isabel.

-El 23-VII-1999 Mª Isabel interpuso la demanda contra Sandra en reclamación, sustancialmente, de la mitad de todos los beneficios netos obtenidos en la Administración de Loterías. Dicha demanda fue desestimada por el Juzgado de Primera Instancia al considerar, en esencia, que según se desprendía del testamento la voluntad del testador había sido que Dª Isabel pudiera trabajar en la Lotería.

-Mª Isabel recurrió en apelación insistiendo en lo que ya había plasmado en su demanda, es decir, que le correspondía la mitad de los beneficios en la administración de Lotería, y no que pudiera trabajar en dicha administración. 

Pues bien, la Audiencia Provincial resolvió el recurso de apelación dando la razón a Mª Isabel, pues entendió que la voluntad del testador al expresar en su testamento que dejaba a su hija "la mitad del trabajo" y a su compañera "la otra mitad" fue la de que tanto una como otra percibieran por iguales mitades lo que producía el despacho de administración de loterías del que él había sido titular durante años.

La Sala llegó a dicha conclusión teniendo en cuenta que al redactarse  el testamento, tenía que pesar en el ánimo del testador la convivencia estable que de forma marital mantenía con Mª Isabel y la entrega y dedicación que ésta le dispensaba tanto en lo material como moralmente. 

Estimó la Sala que aquel ánimo del testador era coherente con una intención de amparo para el futuro de quien era su compañera desde hacía años, tenía mas de 40 años, 2 hijos que mantener, le había prestado tanta dedicación y cuidados, había colaborado a menudo en el despacho de Loterías, le había confiado que actuara en su nombre en las liquidaciones de los sorteos ,etc; conocedor Antonio, por la propia profesión que tenía de que Mª Isabel no podía ser la titular de la Lotería, tenía que saber también que en cualquier momento podía ser despedida de su trabajo de mera dependienta, como así efectivamente ocurrió. 

 

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