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NULIDAD DE LOS TESTAMENTOS

        Según el Código Civil será nulo el testamento en cuyo otorgamiento no se hayan observado las formalidades previstas para cada tipo de testamento. 

El carácter formalista del testamento obliga al cumplimiento escrupuloso de los requisitos formales y a su interpretación restrictiva, de manera que para su validez es absolutamente necesario que se cumplan de modo riguroso todas las solemnidades esenciales y requisitos exigidos por el Código Civil. Este aspecto formal -imperativamente impuesto- predomina sobre la búsqueda interpretativa de la voluntad del testador.

No obstante, el Tribunal Supremo ha flexibilizado el rigorismo a ultranza que haría inviable la eficacia de cualquier testamento que adoleciera de un mínimo error formal. Esta flexibilización se llama principio de "favor testamenti", de forma que, constatada la autenticidad de la declaración y la capacidad del testador, debe darse prevalencia a la voluntad realmente querida por el testador frente a la rigidez o sacralización de solemnidades y formas que, sólo por necesidades de seguridad jurídica, imponen ciertas restricciones o limitaciones a la eficacia de la declaración testamentaria realizada. 

A tenor del Código Civil, están incapacitados para testar:

1º) Los menores de catorce años de uno y otro sexo.

2º) El que habitual o accidentalmente no se hallare en su cabal juicio.

Así pues, será nulo el testamento otorgado por un menor de catorce años o bien el que al momento de otorgar el testamento no se halle en capacitado para ello. El testamento hecho antes de la enajenación mental es válido.

Para apreciar la capacidad del testador se atenderá únicamente al estado en que se halle al tiempo de otorgar el testamento. 

Igualmente será nulo el testamento mancomunado y el realizado por comisario. 

Toda disposición que sobre institución de heredero, mandas o legados haga el testador, refiriéndose a cédulas o papeles privados que después de su muerte aparezcan en su domicilio o fuera de él, será nula si en las cédulas o papeles no concurren los requisitos prevenidos para el testamento ológrafo.

Será también nulo el testamento otorgado con violencia, dolo o fraude.

Quien impugna el testamento, tiene que acreditar de forma cumplida, rotunda e incuestionable, la existencia del vicio en el que basa la nulidad que propugna y ello porque se presume la capacidad de los testadores, referida al momento mismo en que se otorga testamento, sin que sea suficiente, a los efectos indicados, la duda acerca de la capacidad del testador para destruir aquella presunción. La invalidación del testamento por vicios de la voluntad, comprende no sólo la violencia, dolo o fraude, sino cualesquiera otros vicios (error, intimidación), capaces de provocar idéntico resultado, en cuanto priven al testador del libre consentimiento preciso para disponer mortis causa de sus bienes, como ocurre con la intimidación, si las amenazas son de tal intensidad que infundan temor grave al testador, inhibiendo su libertad. Bien entendido que los vicios mencionados no se presumen y han de ser debidamente probados, no basados en meras conjeturas. 

Habrá dolo como vicio de la voluntad testamentaria cuando con palabras o maquinaciones insidiosas se induzca a una persona a otorgar testamento con unas determinadas disposiciones que habrían sido distintas en el caso de no mediar aquel artificio, astucia o maquinación. También es preciso, para que dicho dolo pueda determinar la nulidad del testamento, que sea calificable de dolo grave en su aptitud para desviar la voluntad del otorgante, excluyéndose las acciones capaces de ganarse la voluntad del testador como el cuidado o atención especial al mismo o comportamientos cariñosos. Es preciso por ultimo para que el testamento pueda considerarse nulo que la voluntad del testador emitida sin la natural libertad lo sea precisamente por causa de la influencia dolosa.

El dolo solo puede apreciarse, (con su consecuencia de nulidad del testamento), cuando conste como existente al tiempo de testar o al menos en periodos inmediatos. 

Asimismo, en cuanto a la prueba del vicio de la voluntad testamentaria por dolo, es muy común que no existan pruebas directas de la maquinación que se hubiera desplegado, pudiendo apreciarse aun así la existencia de la misma de pruebas indirectas de la conducta captatoria de la voluntad. Es decir, partiendo de la existencia de unos hechos probados, se deduce por un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano la certeza de otro hecho controvertido.

A modo de ejemplo, menciono una Sentencia de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Toledo de fecha 20 de mayo de 2013, la cual declaró nulos unos testamentos por haber sido otorgados mediando dolo. El dolo se acreditó mediante pruebas indirectas, partiendo de los siguientes hechos probados: 

a)Cuando los testadores otorgaron los testamentos tenían 92 y 95 años.

b)El 20.12.04 otorgaron los testadores además de los testamentos otros ocho instrumentos notariales más.

c)Los testamentos favorecían a la hija y sus hijos y perjudicaban al que impugnó los testamentos. Pocos meses antes habían otorgado unos testamentos distintos, que no perjudicaban tanto al impugnante.  

d)Que en el mismo año otorgaron cada uno dos testamentos si bien desde 1977 no habían cambiado su voluntad testamentaria previa, que por ello deducía estable.

e)La inclusión como bienes hereditarios de negocios que ya habían cedido a su hijo. 

f)La convivencia de los testadores con la hija desde hacía años. 

g)Que contenían los testamentos errores sobre linderos, medidas, fincas o incluso metálico o bien eran omitidos, algo no propio se dice de quien conoce su patrimonio.

h)Que los albaceas que se designaron en los testamentos eran de la confianza de los favorecidos por dichos testamentos.

i)Que eran testamentos muy complejos no propios dada la edad de los testadores.

j)Los planos de los testamentos se realizaron por perito de confianza de los favorecidos por los testamentos

k)Que se efectuaron apropiaciones de dinero de los causantes en los últimos años por los hijos favorecidos. 

No obstante lo anterior, no cabría apreciar la nulidad de un testamento por haber sido otorgados por personas ancianas que convivan con uno de sus hijos al que por agradecimiento, por cariño o por un sentimiento subjetivo de justicia deciden premiar en su herencia. La Ley no limita la edad para testar ni obliga a beneficiar a todos los hijos por igual, a salvo legitimas. No es desde luego extraño que unos padres que son cuidados o que tienen controlada su atención y cuidado con la dedicación de uno de sus hijos terminen beneficiando a este en su testamento. Podrá ello parecerle injusto al hijo que no reciba el mismo beneficio, pero es legitimo y legal.

 

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