No suele ser buena idea declararse en quiebra si eres persona física.

¿Si una persona tiene muchas deudas merece la pena declararse en concurso voluntario de acreedores? Lamentablemente no existen “soluciones mágicas” para los problemas económicos, ni existe un procedimiento judicial que “borre” las deudas de las personas físicas. Aunque pueda parecer extraño, no suele ser aconsejable que una persona física se declare en concurso voluntario de acreedores. En primer lugar, no supone la suspensión de la ejecución hipotecaria de la vivienda, que por otra parte, suele ser el único bien con algo de valor en el patrimonio del deudor. Es decir, al declararse en concurso de acreedores, la deuda hipotecaria con el Banco no desaparece ni se reduce. Es cierto que la declaración del concurso paraliza los intereses moratorios durante un año, pero no es menos cierto que el Banco seguramente no reducirá ni un euro el importe de la deuda, ya que precisamente tiene garantizada la devolución del préstamo con la propia vivienda. Es decir, el crédito hipotecario es un crédito “privilegiado”, al que no le afectan los posibles acuerdos que alcancen el resto de acreedores de la masa concursal, o dicho de otro modo, no le afecta la posible “quita o espera” que se acuerde por mayoría del resto de acreedores ordinarios. Por lo tanto, si una persona física se declara en concurso, lo más seguro es que acabe perdiendo la vivienda con el consiguiente empobrecimiento y reducción de su patrimonio, ya que el Banco no querrá reducir la deuda. Y si esa persona viviera en régimen de alquiler en lugar de ser propietario, considero que tampoco sería una buena idea declararse en concurso de acreedores, ya que tendría igualmente que seguir pagando el alquiler. El desahucio de la vivienda por falta de pago sólo podría paralizarse pagando la totalidad de las rentas debidas, por lo que la declaración de concurso por la persona física no aporta ninguna ventaja. Hay que tener presente que, a diferencia de lo que sucede en los concursos de acreedores de personas jurídicas (empresas) donde las deudas de la sociedad son distintas de las deudas de los socios, las primeras son extinguidas sin que exista nadie a quién poder reclamarlas (es decir, la sociedad limitada desaparece pero el socio “queda limpio” y puede crear una nueva sociedad). Sin embargo, lamentablemente, a la finalización del concurso, la persona física particular seguirá siendo responsable de la deuda pendiente con todo su patrimonio presente y futuro. Es decir, una vez finalizado el concurso si no se ha saldado y reducido toda la deuda, deberá seguir respondiendo con todo su patrimonio y por lo tanto su nómina –si la hubiere- seguirá embargada muchos años. En relación a las consecuencias de ser declarado en concurso, la primera y fundamental es que la persona física “pierde el control” de su patrimonio que pasa a manos del administrador concursal. Esto supone un gran desgaste emocional, ya que una persona extraña “controla tus gastos”. El administrado concursal otorgará un importe mínimo para satisfacer las necesidades más básicas durante la duración del procedimiento concursal (por supuesto ese importe mínimo lo concede de los ingresos que Vd. obtenga) por lo que dicho en palabras llanas, Vd. no decide, le tocará “apretarse el cinturón” y será el administrador el que decidirá por Vd. cuanto se puede gastar y como. Subsistir un año con una pequeña cantidad que fije el administrador y perdiendo toda capacidad de decisión sobre los gastos que deben ser aprobados por el administrador puede resultar “desmoralizador” o “frustrante”. Seguramente no se podrá hacer uso de tarjetas de crédito, las compras importantes deberán ser autorizadas por el administrador así como cualquier otro gasto extraordinario de la unidad familiar (la ortodoncia de su hijo, por ejemplo). Por otra parte, el procedimiento concursal es muy caro y costoso, ya que Vd. deberá pagar la intervención de su propio abogado y procurador (que es preceptiva), y además deberá pagar también los honorarios del administrador concursal, que calculará su minuta en función de la deuda (es decir, cuanto más grande sea la deuda, mayores serán los honorarios del administrador concursal). En definitiva, considero que la persona física verá empeorada su situación patrimonial con respecto al momento anterior a la solicitud del concurso. Si Vd. atraviesa dificultades económicas y su único patrimonio activo es su vivienda hipotecada y una nómina “normal”, en caso de que acuda al procedimiento concursal dudo mucho que encuentre la solución a sus problemas. Más bien al contrario, casi con toda seguridad perderá su vivienda, y tendrá que hacer frente a los elevados honorarios de su propio abogado, procurador y administrador concursal. Una situación claramente peor a la que actualmente se encuentra, por difícil que ésta sea. Sería necesario analizar más detenidamente su situación personal y económica, pero en principio considero que tiene otras opciones más interesantes: 1º).- Si contrata los servicios de un Letrado podrá dilatar el procedimiento judicial hipotecario y retrasar al máximo el lanzamiento y desalojo de la vivienda (entre 18-24 meses aproximadamente). Es posible que mientras tanto mejore su situación económica y pueda volver a hacer frente al pago de la hipoteca y los atrasos pendientes. También podrá el Letrado negociar directamente con el Banco la posible “dación en pago”. Dado que atraviesa dificultades económicas, seguramente el Letrado aceptará pagos mensuales fraccionados a cuenta de sus honorarios. 2º).- Puede intentar vender la vivienda de forma particular, tratando de obtener el mejor precio posible dentro de las circunstancias particulares concurrentes y de la urgente necesidad de disponer de efectivo y reducir gastos. Siempre será ésta una opción mejor que malvender la vivienda en la subasta judicial. 3º).- Si decide dejar de pagar totalmente las cuotas de la hipoteca, es cierto que se iniciará tarde o temprano el procedimiento hipotecario y finalmente será desalojado y perderá la vivienda, pero pueden transcurrir muchos meses hasta el lanzamiento y desalojo, y en todo ese tiempo podrá “ahorrar” una cantidad considerable de dinero (que ya no destina al pago de la hipoteca) lo que le permitirá obtener una cantidad importante de liquidez en efectivo que podrá dedicar a otros fines, por ejemplo pagar el alquiler de la vivienda a la que se traslade tras el desahucio. 4º).- Puede y debe intentar alcanzar un acuerdo extrajudicial con el Banco, solicitando un periodo de carencia, abonando únicamente los intereses (sin amortizar capital), y tal vez pueda seguir pagando la hipoteca al cabo de un tiempo cuando mejore su situación profesional. 5º).- También puede, solicitar al Banco que acepte la “dación en pago” (entregar voluntariamente la vivienda y a cambio queda saldada totalmente (o casi en su totalidad) la deuda con el Banco). Cualquier otra solución parece mejor que declararse en concurso voluntario de acreedores.

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